Hablar sobre Ruvén Afanador es hablar sobre Colombia y de su rol como creativo, como artista que lleva el país dentro de sus formas de trabajar. Lleva más de cuarenta años construyendo un lenguaje visual propio. En sus fotografías, el registro desaparece: lo que queda es una interpretación del cuerpo, la luz y la emoción. Es, probablemente, uno de los fotógrafos latinoamericanos que más ha marcado las últimas cuatro décadas.
Nació en la ciudad de los parques, Bucaramanga, situada en una meseta elevada sobre el Río de Oro y rodeada de majestuosas montañas. Un mundo encantado que deja una profunda huella en su obra. Estudió arte en el exterior y emprendió su carrera como fotógrafo en Milán. Terminó en Nueva York, desde donde desarrolló una carrera internacional con publicaciones como Vogue, Vanity Fair, The New Yorker, Rolling Stone, The Hollywood Reporter y The New York Times.
Por su cámara han pasado artistas, músicos, actores y líderes mundiales, pero su obra nunca dependió de los nombres que retrata. Depende de otra cosa: de la capacidad de revelar lo que permanece oculto. En paralelo, ha construido una obra artística reunida en libros y exposiciones como Torero, Sombra, Ángel Gitano, Mil Besos e Hijas del Agua. Entre ellos destaca AFANADOR, un proyecto singular creado junto al Ballet Nacional de España: una pieza escénica nacida del imaginario de sus libros Ángel Gitano y Mil Besos, cuyo nombre evoca la búsqueda infinita. Proyectos que consolidan una mirada muy personal sobre la identidad, la belleza y lo que significa representar a alguien. Durante las primeras conversaciones del proyecto, Ruvén nos contó que Chevignon le sonaba familiar, como una palabra que ya estaba en su memoria. Y que parte de esa memoria la asociaba con una chaqueta.